¡Todos a evangelizar, ahora!

Hoy tuve el gusto de encontrarme con el hno. René un jóven misionero laico de los Misioneros Servidores de la Palabra. Estaba saliendo de la parroquia cuando el me vió he inmediatamente me llamó y despues de el tercer o cuarto intento volteé (porque aqui en Tj ,como en otras partes desgraciadamente, los hombres de poca educación se la pasan gritando a las mujeres). Me dió muchisimo gusto verlo, pues hacía rato que no coincidíamos. El totalmente comprometido con su misión y apostolado de una colonia muy grande y yo con la escuela, el novio, la casa, los amigos y el grupo juvenil.
Después de saludarnos fraternalmente, me comentó que su amigo de batalla, el hno. Luis había sido llamado a servir en Rosarito, pero me dijo que ya tenía un nuevo compañero y que este tenia muchas ganas de conocerme. Me extrañé muchisimo."¿Por qué?" le dije. "¿Por qué, que hermana? "me contestó."¿ Sí, por qué me quiere conocer?", insistí. "Pues por el testimonio que usted nos da para seguir en la chamba, hermana", me dijo, "le contamos Abigaíl (mi hermana, aunque no de sangre si de corazón) y yo sobre usted y esta muy emocionado y la quiere conocer". Inmediatamente le contesté que lo tenía todo mal, que era todo lo contrarió, que fue el, junto con el hno. Luis, cuyos testimonios me sacudieron y empecé a interrogarme si realmente no podía hacer algo mas en el servicio de Dios". Creo que no me creyó del todo, aunque así fue. Y ya le dije: Me di cuenta que estar estudiando no podia ser mi pretexto, hay que hacer campo para todo. Él me dijo: "No hermana, si tambien es importante hecharle ganas, saliedo adelante, continuar con los estudios. Hay que seguir adelante, hecharnos la mano, y pues si nos caemos, no importa, pues estamos intentando, aprendiendo, pero eso si, ¡rápido levantarnos!"
Le dije que tenía razón y que lo importante era seguir y le pedí que orara por el nuevo grupo de jovenes que empecé con los Misioneros del Espíritu Santo. Él me dijo que por favor yo hiciera lo mismo pidiendo por él.
Sus palabras me resonaron en mi cabeza durante el trayecto del camión. ¡No cabe duda de que todos, desde nuestra pequeña trinchera estamos luchando!, pensé y creo que es cierto. Tal vez nos tienen que quitar de la cabeza que los misioneros son solo aquellos que se van a predicar el Evangelio en  tierras lejanas. ¡Cuantas veces quienes necesitan oir la Buena Nueva son los que estan a nuestro alrededor, en nuestra "vida cotidiana"!
Tal vez deberiamos empezar por decir que todo trabajo honesto, hecho con amor y felicidad es una ofrenda hermosa para nuestro Padre. El que estudia, el que enseña, el que pinta, construye, escribe, cuenta, barre, amasa, ordena, el que busca, el que toca, todos ellos si lo hacen con amor, lo elevan en forma de una plegaria hermosa al Padre. Entonces si todos estos trabajos son loables, nuestra vida no tiene ni una pisca de ordinaria, sino todo lo contrario, y siendo así, desde nuestro metro cuadrado (como decía Ortega y Gasset) podemos hacer lo que nos toca y así contribuir con la construcción del Reino.
Todos podemos ser luz y sal de esta tierra, nada mas que a veces entre que no nos la creemos y otras que nos da miedo entrarle a la chamba, porque "el trabajo es mucho y los operarios son pocos". 
Todos estamos llamados a dar anunciar el Evangelio, a nuestra manera, claro, pero que mejor cuando este es por medio de hechos y no palabras, o como le solía decir el Poverello de Asís a sus discipulos: "Sólo si es necesario, palabras".
Luchemos desde nuestras trincheras, sean estas las que sean, para mayor gloria de Dios y así cumplir el mandato de Jesús: "Vayan y prediquen la Buena Nueva en todos los confines de la tierra"

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